martes, 13 de diciembre de 2011

genesis 6

Genesis
Chapter 6
6:1 Now when men began to multiply on the face of the earth and daughters were born,6:2 that the sons of God saw the daughters of men were beautiful, they took them wives of all which they chose.6:3 And Jehovah said, My spirit shall not with man forever, for he is flesh: yet his days shall be hundred twenty years.6:4 There were giants in the earth in those days, and also afterward, when the sons of God to the daughters of men, and they bare children. These were the heroes of old, men of renown.6:5 And God saw that the wickedness of man was great in the earth, and that every imagination of the thoughts of his heart was only evil continually.6:6 And it repented the LORD that he had made man on the earth, and He was grieved in His heart.6:7 And the LORD said, I will destroy from the face of the earth to men whom I have created both man and beast, and creeping things and birds of the air-for I regret having made them.6:8 But Noah found grace in the eyes of the Lord.6:9 These are the generations of Noah: Noah was a just man and perfect in his generations: Noah walked with God.6:10 And Noah begat three sons, Shem, Ham and Japheth.6:11 And the earth was corrupt before God, and the earth was filled with violence.6:12 And God looked upon the earth, and behold it was corrupt, for all flesh had corrupted his way upon the earth.6:13 He said, So God to Noah, 'The end of all being, because the earth is filled with violence through them: and, behold, I will destroy the earth.6:14 Make thee an ark of gopher wood, make rooms in the ark, and with pitch inside and out.6:15 And this way you will make: three hundred cubits the length of the ark, fifty cubits, and its height thirty cubits.6:16 A window will make the ark, and finish it to a cubit the top, and put the door of the ark to his side, and thou shalt lower, second and third.6:17 And behold, I bring a flood of waters upon the earth, to destroy all flesh, wherein is the breath of life under heaven, all there is on earth will die.6:18 But I will establish my covenant with you, and go into the ark, you, your children, your wife, and thy sons' wives with you.6:19 And of every living thing of all flesh, two of every sort into the ark, to keep them alive with you, male and female will be.6:20 Of fowls after their kind, and cattle after their kind, of every creeping thing of the earth after his kind, two of every sort shall come unto thee, to keep them alive.6:21 And take thou unto thee of all food that is eaten, and store it, and will provide sustenance for you and for them.6:22 Thus did Noah did according to all that God commanded him.

evento de niños de la zona 3 del distrito 7

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martes, 29 de noviembre de 2011

para niños



para jovenes y para niños




EL ORIGEN DE LAS CALAMIDADES


de nuestro puño y letra
EL ORIGEN DE LAS CALAMIDADES
por Carlos Rey

Era la noche del 9 de marzo de 1687. Acababan de recogerse en sus lechos los moradores de Santafé de Bogotá. De repente los hizo saltar de la cama un sonido retumbante que salía de las entrañas de la tierra. Cundió el pánico. Volvió a rugir el suelo subterráneo y los santafereños salieron a los patios. Cuando bramó por tercera vez, se volcaron en masa a la calle, lanzando alaridos y suplicándole a Dios misericordia. Tan seguros estaban de que se trataba de la ira divina que buscaron asilo en la iglesia más cercana, rogaron por el perdón de sus pecados y prometieron lealtad incondicional con tal de salir de allí con vida. Los gemidos de los aterrorizados feligreses no hicieron sino provocar el llanto de los niños y los aullidos de los perros. Cuando por fin cesó el estruendo, los espantados habitantes de Santafé volvieron en fúnebre procesión a sus hogares, como cadáveres que se dirigen al féretro, pero no volvieron a descansar en paz. Al contrario, pasaron largos meses en los que cualquier ruido nocturno les ponía los pelos de punta.
Si bien fue desmedida la reacción del pueblo, la de su máximo dirigente fue descomedida. A la hora de la verdad, el Presidente Don Gil de Cabrera y Dávalos no titubeó en atribuir aquel aparatoso ruido a una temible invasión extranjera que constaba de bombas, obuses y otras piezas de artillería, intensificadas por disparos de arcabuces y mosquetes y el redoble de tambores. Convencido de que iba a librarse una batalla campal, movilizó a la guarnición de la ciudad bajo la luz de las antorchas. Afortunadamente, no hubo que disparar ni un solo proyectil. No fue sino hasta que se había calmado del todo el temor colectivo, que se supo que aquello que los súbditos consideraron la manifestación de la ira de Dios, y el máximo mandatario una aplastante invasión luterana, no era más que el eco de un terremoto cuyo epicentro estuvo en el sur, a gran distancia de la tranquila ciudad colonial de Santafé. 1
Este capítulo de la obra Sucedió en una calle, escrita por el cronista colombiano Alfredo Iriarte, nos lleva a reflexionar sobre el origen de las calamidades. Lo cierto es que los fenómenos naturales, como los terremotos, no provienen necesariamente ni de Dios ni del diablo. Más bien, Dios permite que se desaten esas fuerzas naturales —que tienen explicaciones científicas— para que concentremos nuestra atención en las cosas de arriba y no en las de abajo. 2 Él sabe que si nos concentramos en la tierra, que es inestable y temporal, no descansaremos en paz ni en ella ni en el cielo eterno que nos ha preparado. 3 En cambio, si nos concentramos en el cielo, no tendremos nada que temer, aunque se desmorone la tierra, porque Dios será «nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia.»4

1Alfredo Iriarte, Sucedió en una calle (Santa Fe de Bogotá: Editorial Espasa Calpe, 1996), pp. 33-35.
2Ef 3:2
3Heb 4:9-11; Jn 14:1-3
4Sal 46:1-3

«EL NIÑO DEL CRUCE»

14 ene 08
«EL NIÑO DEL CRUCE»
por el Hermano Pablo

Se llamaba Juan José Ferrer. Vivía en el barrio de Villaverde, Madrid, España. Era alegre y vivaz, y siempre estaba con amigos. Pero un día desapareció de la casa. Lo buscaron por todas partes, pero fue imposible hallarlo.
Un año después un amigo suyo, Jesús Fuentes, confesó espontáneamente el delito. Él había estrangulado a Juan José «por gusto», en el kilómetro 6 de la carretera a Andalucía. Las crónicas españolas recuerdan a la víctima como «El niño del cruce». ¿La edad de cada uno? Diez años la víctima, y trece el homicida.
Casos como éste, hasta hace pocos años, ocurrían sólo entre adultos. Pero ahora son niños los que llenan las páginas de los periódicos con las crónicas rojas.
A Jesús Fuentes, por ser la última persona con quien Juan José había sido visto vivo, lo interrogaron innumerables veces. Pero ni detectives, ni maestros, ni psicólogos ni clérigos lograron hacerlo hablar. Casi un año después, espontáneamente, confesó todo y llevó a las autoridades al lugar donde había enterrado al amiguito. Lo increíble del caso no deja de ser que el homicida sólo tenía trece años de edad, y la víctima apenas diez.
¿Qué está pasando con nuestra niñez? Hay que decirlo. Es como un culto a la violencia, un desprecio por la vida, incitada, según el criterio de muchos, por esa influencia nefasta del cine y la televisión.
«El niño del cruce» podría representar a la sociedad sobre la línea de demarcación entre el temor de Dios y la total rebeldía de la raza humana.
Es imposible creer que pueda haber tanto desprecio por la vida humana sin que la sociedad sienta el golpe de conciencia. ¿Cómo es que el hombre —en este caso, el niño— puede engañar, robar, estafar y matar sin sentir el más mínimo remordimiento? ¿Qué de nuestra conciencia? ¿Dónde está el sentido de humanidad? ¿Acaso todos nos hemos vuelto animales? ¿Qué le está pasando a la raza humana?
Es que el hombre ha hecho caso omiso de Dios, y al no reconocer la soberanía divina cada uno se constituye en su propio dios. El resultado es una anarquía devastadora que destruye al individuo y a la sociedad. No puede haber sensatez mientras no se reconozca la autoridad de Dios en la vida humana.
Ya es hora de que sometamos nuestra voluntad al señorío de Cristo. No habrá paz, ni equilibrio ni cordura en el mundo hasta que Él sea Señor de la vida humana. Permitamos que esa paz comience en nuestro corazón. Sometamos hoy mismo nuestra vida a Cristo.

sábado, 4 de junio de 2011

cd reto












EL EVANGELIO, EL ORO Y LA GLORIA por Carlos Rey

El siglo dieciséis fue testigo de la cruel explotación del continente americano a manos de los conquistadores europeos. Éstos iban en busca de oro, pues sabían que era el camino más rápido y seguro para alcanzar el poder y la gloria. A diferencia de otros imperios del Nuevo Mundo, el reino de Yucatán carecía de ese precioso metal. Pero de esto no se enteraron Hernán Cortés ni sus trescientos hombres sino hasta después de llegar a conocer a los habitantes de aquella hermosa región. Como la tierra no tenía oro —afirma Fray Bartolomé de las Casas—, Cortés no acabó con los indígenas obligándolos a sacar el oro de las minas, sino que lo minó de los cuerpos y de las ánimas de aquellos a quienes él no mataba pero «por quienes Jesucristo murió», pues los convertía en esclavos sin distinción alguna. Para colmo, los vendía por el infame precio de vinagre, tocinos, vestidos, caballos, o cualquier otro comestible o chuchería que se le antojara.
A las jóvenes Cortés las vendía en subasta, entre cincuenta y cien a la vez, y aun por las más atractivas se contentaba con recibir unos cuantos litros de vino o de aceite o vinagre, o un tocino nada más. De igual modo trataba a los muchachos que seleccionaba, de cien a doscientos a la vez, sin ningún criterio definido. A un joven que parecía hijo de príncipe lo vendió por un queso, mientras que a cien personas las vendió por un caballo. «En estas obras estuvo desde el año veintiséis hasta el año treinta y tres —concluye el fraile español—, ... siete años asolando y despoblando aquellas tierras, y matando sin piedad aquellas gentes». 1
De veras es incalculable el daño que durante siete largos años les causó a esos indefensos indígenas de Yucatán el conquistador Hernán Cortés. Pero ese daño no le llega ni a los tobillos al infinito beneficio que les trajo en menos de la mitad de ese tiempo el conquistador Jesucristo. A diferencia de Cortés, Cristo no los mató ni los hizo esclavos con el fin de venderlos a cualquier precio, sino que murió en su lugar, pagando así el precio supremo por su redención con el fin de liberarlos de la esclavitud del pecado. 2 Aun peor que la tragedia física es la tragedia espiritual de la que fue culpable Cortés. En vez de llevarles a los yucatecos el santo evangelio con la esperanza de vida eterna —que era la justificación de la conquista—, les llevó la muerte segura: tanto la física, que es temporal, como la espiritual, que es definitiva. El Conquistador espiritual se inmoló en vano por ellos porque los conquistadores materiales que tenían la responsabilidad de llevarles la salvación les llevaron la condenación. ¡Quiera Dios que de ninguna manera permitamos que vuelva a ocurrir esa tragedia! Determinemos hoy mismo, al aceptar el precio del rescate que pagó por nosotros, que su muerte en nuestro lugar no será en vano.

1 Fray Bartolomé de las Casas, Brevísima relación de la destrucción de las indias, citado en Cronistas de indias: Antología, 3a ed. (Bogotá: El Áncora Editores, 1992), pp. 48-50.
2 1Ti 2:6; Heb 9:12; 1P 1:18‑19

jueves, 19 de mayo de 2011

Un Mensaje a la Conciencia


¿ES POSIBLE CANTAR EN MEDIO DEL DOLOR?
por el Hermano Pablo

Sentido, emotivo y patético fue el funeral. La iglesia estaba llena de flores; los concurrentes, emocionados. El pastor oficiante se mostraba serio, pero con un rayo de luz en el rostro.
En el pasillo de la iglesia, una iglesia bautista, de Chicago, Estados Unidos, había seis pequeños féretros. Eran los féretros de los seis hijitos del pastor, el reverendo Duane Scott Willis, muertos en el incendio de un automóvil. Junto a él, serena y tranquila, se hallaba su esposa Janet.
El órgano emitió las notas de una melodía, y toda la congregación entonó el gran himno clásico cristiano: «Sublime gracia».
¿Es posible cantar en medio del dolor? Sí, lo es.
Este suceso conmovió a toda la ciudad de Chicago. En el trágico incendio de un microbús, murieron seis hijitos del pastor Willis. El mayor tenía trece años; los dos menores, mellicitos, sólo seis semanas. El fuego inesperado y brutal los abrasó en sus llamas, convirtiéndolos en una hoguera humana.
¿Cómo pudieron los padres sobreponerse al golpe? ¿Cómo pudieron permanecer de pie, serenos y tranquilos, mientras se oficiaba el funeral? ¿Cómo iban a poder, de ahí en adelante, seguir predicando acerca del amor de Dios y la fe triunfante en Jesucristo? Por el amor de Dios que tenían en el alma y la fe triunfante en Jesucristo que atesoraban en el corazón.
Es que estaban seguros de que no habían perdido a sus hijos para siempre. Sabían que el reino de los cielos le pertenece a los niños, tal como dijo Cristo. Y los que tienen esta fe se sobreponen a todas las tragedias y calamidades de la vida.
¿Es posible cantar en medio del dolor? Sí, con toda seguridad. Esto lo han atestiguado cristianos en el transcurso de los siglos. En medio de persecuciones, de catástrofes y de castigos crueles, los verdaderos cristianos han cantado alabanzas a Jesucristo. Han seguido el ejemplo del apóstol Pablo, que cantó a medianoche en la cárcel de la ciudad de Filipos después de haber sido azotado cruel e injustamente. Y con buena razón han citado las palabras del magno apóstol a los creyentes en Cristo de esa misma ciudad: «... Para mí el vivir es Cristo y el morir es ganancia» (Filipenses 1:21).
Es por la fe sincera en Cristo que vencemos el dolor. Es por la fe genuina en el evangelio de Cristo que nos sobreponemos a las tragedias de esta vida. Es por la fe en Dios que cantamos cuando las lágrimas corren por nuestras mejillas. Porque sabemos que nuestro Señor nos sostiene en medio del dolor.

viernes, 13 de mayo de 2011

CUERDAS FLOJAS por Carlos Rey



CUERDAS FLOJAS


Carlos Wallenda, osado equilibrista, comenzó a cruzar el precipicio rocoso de Tallulah, Georgia, en los Estados Unidos de América, caminando por un cable de trescientos metros de largo. El cable estaba suspendido sobre un abismo que tenía doscientos trece metros de profundidad.
El intrépido artista circense, jefe de la renombrada familia de acróbatas Wallenda, caminó por el cable mientras masticaba una barra de caramelo. Por si eso fuera poco, a mitad de camino se paró de cabeza sobre el cable, y agitó los pies, saludando así a los treinta y cinco mil espectadores.
Cuando le faltaban aún ochenta metros para llegar, los electrizó a todos, ya que pareció haber perdido el equilibrio. Pero se repuso, siguió su increíble recorrido sobre el abismo, y llegó sano y salvo al otro lado.
Una de las hazañas más impresionantes del mundo es la que realizan, como si fuera relativamente fácil, los acróbatas y equilibristas del circo. Casi ninguno de nosotros se atrevería jamás a hacer tal cosa, ni aunque nos ofrecieran una fabulosa suma de dinero. Y no obstante todos caminamos a diario, sin saberlo, por una cuerda floja, sobre el insondable abismo de la perdición eterna.
La tensión del cable suspendido sobre ese abismo moral y espiritual es tal que llega a ser una cuerda floja en la que se balancean el acierto y el desliz, la cordura y la caída, el bien y el mal, la virtud y el pecado. Y el riesgo que corremos cada día, caminando sobre ese abismo de la perdición, es mil veces peor que el que corren quienes cruzan los abismos y las cataratas más impresionantes del mundo.
Por lo tanto, más vale que no tomemos a la ligera ni arriesguemos innecesariamente el éxito de nuestra travesía por la cuerda floja que es la vida. Es una sola vida la que Dios nos ha dado, y no hay por qué correr el riesgo de echarla a perder eternamente. A eso se refería San Pablo en la primera carta que les escribió a los discípulos de Cristo en la ciudad de Corinto. «No quiero que desconozcan, hermanos —les advirtió— que [todos] nuestros antepasados... atravesaron el mar.... [y] sin embargo, la mayoría de ellos no agradaron a Dios, y sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto.
»Todo eso sucedió para servirnos de ejemplo, a fin de que no nos apasionemos por lo malo, como lo hicieron ellos.... No cometamos inmoralidad sexual, como algunos lo hicieron....
»Todo eso... quedó escrito para advertencia nuestra, pues a nosotros nos ha llegado el fin de los tiempos. Por lo tanto, si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer.»1
Acatemos esa advertencia del sufrido apóstol. Al fin y al cabo, somos nosotros quienes determinamos si hemos de llegar sanos y salvos, por la gracia y con la ayuda de Dios, al otro lado del abismo.

1 1Co 10:1,5,6,8,11,12

lunes, 9 de mayo de 2011

ACTIVDAD DE JOVENES

TODOS LOS JOVENES DE LA ZONA 7 DEL DISTRITO 7 LES ESTAN INVITADO A UNA  ACTIVIDAD DE JOVENES  

EL DIA DOMINGO 29 DE MAYO

LA HORA 3:00 PM  

LUGAR: CANCHA DE LA COLONIA STA. ISABEL  PLAN DEL PINO  DELA CIUDAD DELGADO

GRUPO DE ALABANZA  INVITADOS  FIRE OF GOD DE LA ZONA 7 DEL DISTRITO 2

PREDICADOR INVITADO : HREMANO JULIO CESAR IGLESIAS COMPARTIRA SU TESTIMONIO 

jueves, 5 de mayo de 2011

ACTIVIDAD DE ZONA 3


















ACTIVIDAD DE SEÑORITAS

COMO EL TEMA : LOS FRACASOS SETIMENTALES
DIA DOMINGO 29/MAYO/2011
LUGAR : LICEO AMERICA DE  ALAS  DE CIUDAD DELGADO
PREDICADORA : PATY DE ARDON 
CANTANTE : KATY GRACIA
HORA :2:30 PM

INVITA LA JUVENTU DE LA ZONA 2 DEL DISTRITO 7
SERA UN DIA ESPECIAL  PARA TU VIDA.

 NO FALTES